En el norte de Madrid, en la Sierra de Guadarrama, Braojos ha sido mi mejor territorio de campeo. En una extensión de casi dos mil quinientas hectáreas se alternan praderías, fresnedas, tomillares, melojares, piornales y amplios pinares de montaña. Entre 2004 y 2008 centré mis esfuerzos en tratar de definir la distribución de las aves reproductoras dentro del término municipal, y el resultado, incompleto, muy personal y que he seguido actualizando, es lo que aquí expongo.
Durante mucho tiempo los aláudidos encabezaron el listado de los paseriformes, es decir, se consideraba, que dentro de los clásicos pájaros cantores, era el grupo más primitivo. Posteriormente se situaron en la superfamilia Passeroidea junto a las familias de los gorriones, los pinzones y los escribanos, entre otros, así se pasó a considerar que aquellas características anatómicas, que durante un largo periodo de tiempo hicieron pensar en su condición de pájaros primitivos, eran rasgos adquiridos más recientemente, de hecho se agruparon junto a los paseriformes del final de la lista, los más modernos. Ahora se agrupan en un lugar intermedio, en la superfamilia Sylvioidea, junto a currucas, mosquiteros y golondrinas.
La familia (Alaudidae) está compuesta actualmente por unas 100 especies. Se trata de pájaros de áreas abiertas, pastos o campos de labor, muchas veces en lugares áridos.
Braojos, 7 de mayo de 2015.
Única integrante del género Lullula, la totovía es la más forestal del grupo (woodlark o alondra del bosque en inglés), y en consecuencia, la más abundante y extendida en Braojos. Presente incluso en las cotas más altas, por encima del pinar. Prácticamente es la única a la que veremos posada en lo alto de los árboles. Comparte con el resto de aláudidos un plumaje discreto, terroso, para pasar desapercibida en el suelo, donde desarrolla su vida. Son tan afines a las alondras, género Alauda, que algunos científicos no ven justificada su clasificación en un género diferente.
En Braojos aparece por pastos de tercios y prados, por los melojares aclarados de la Dehesa y el Ejido, incluso en claros y cortafuegos del pinar, a cualquier altitud, sin evitar zonas con bastante cobertura arbustiva. Creo que pueden estar presentes en otros puntos del pinar, donde aparecen en baja densidad, y, quizás, en todas las cuadrículas del mapa.
Se ven en parejas, solitarias en época de cría, o en pequeños grupos (de unas 4-5 aves es habitual). El mayor bando del que he tomado nota estaba formado por 13-15 totovías (aunque a veces son difíciles de contar, el 13-2-21, y por la fecha podría tratarse de aves en paso).
Su alimentación, y la del resto de aláudidos ibéricos, es a base de semillas, insectos y otros invertebrados. La dieta insectívora puede limitarse al periodo de cría, cambiando a una dieta granívora en época invernal.
Empiezan a criar muy pronto, algunas a primeros de marzo según la bibliografía. En Braojos se observan sus vuelos de canto y disputas territoriales desde la segunda quincena de febrero. Después de haber concluido el periodo de cría, al terminar el verano, al suavizarse las temperaturas y acortarse los días, es otro momento en el que vuelven a observarse estos comportamientos.
Braojos, 16 de julio de 2015. Totovía de pocas semanas.
Sus nidos sufren una alta tasa de predación por zorros, comadrejas, córvidos, culebras y lagartos. También se pierden por el laboreo de los terrenos.
Aunque se puede decir que en España son sedentarias, realizan movimientos estacionales. En Braojos parece hacerse rara desde el otoño hasta que llega el mes de febrero e inician el celo, y es probable que muchas abandonen la sierra hacia zonas más bajas y templadas. Por otra parte, las totovías del norte de su área de distribución sí son migradoras y algunas llegan a la península para pasar el invierno.
Se distribuye por Europa, desde el sur de Reino Unido y los países escandinavos, hasta el norte de África, llegando hasta Oriente Medio. España y Portugal acogen, con diferencia, las mayores poblaciones europeas. En España su población muestra una tendencia positiva.
Llegan pronto a sus territorios de cría de alta montaña. En su discreto plumaje llama la atención una pequeña cresta, menor que en las cogujadas y similar o algo mayor que en las totovías.
En España prefiere los pastos y matorrales de alta montaña, pero está
presente incluso en zonas costeras. También aparece en cultivos de
secano y páramos.
Salvo la totovía, los aláudidos no son abundantes en Braojos, y las alondras, en efecto, tampoco lo eran, pero se hacían notar con sus cantos y persecuciones primaverales, aún antes de finalizar el invierno.
A partir del 2006 obtengo una cada vez más clara escasez de citas. De 2010 es mi última observación de una alondra cantando en Braojos. Probablemente víctimas de un declive global, desde entonces no las localizo, a no ser que cruce la divisoria serrana y llegue a terrenos segovianos. Allí todavía comparten espacio con los roqueros rojos y las collalbas grises. En Braojos, en el pasado reciente estas tres especies solapaban sus territorios en varios puntos, formando parte de uno de los paisajes característico de esta sierra, los pequeños roquedos entre pastos. Ahora ni se ven alondras, ni roqueros y apenas alguna collalba.
Durante el siglo pasado era fácil observar las alondras en los tercios, a cualquier altitud, desde las zonas bajas del tercio nuevo a las más altas de las praderas (mis notas cubren desde 1988). Aparecían en la Porrilla y no faltaban en lo alto de la sierra, más abundantes que ahora. También se veían en Gascones, en los Cerrillos.
El vuelo de canto característico de los alaudidos, en las alondras tal vez sea el de mayor altura. No es raro que realicen tres puestas, con un tamaño de nidada algo menor que en el resto de pajarillos, para así acortar la fase de cría y reducir la exposición a sus numerosos depredadores: zorros, perros, jabalís, lagartos, ofidios, urracas, tejones.
Su dieta es bastante diversa, y consiste en invertebrados, semillas, brotes y hojas.
Mientras las alondras del norte de Europa realizan verdaderas migraciones hacia el sur, para invernar muchas de ellas en nuestra península, las alondras españolas realizan sobre todo desplazamientos altitudinales, abandonando las áreas de montaña. En Madrid pasan el invierno por debajo de los 800 m de altitud, por lo general, en labrantíos, barbechos y sembrados.
En Braojos veía las últimas en agosto y las primeras en febrero. Del 16 de febrero de 2000 corresponde mi observación más temprana, dos bandos que suman unas 80 alondras, pero que podrían ser aves en paso, y del 19 de febrero de 1989 tengo una cita de aves que parecían recien llegadas a una de sus antiguas zonas de cría.
Del 20 de octubre de 1991, guardo una llamativa anotación en mi cuaderno de campo. En un día frío y ventoso, acompañado a veces de aguanieve, en las primeras horas de la mañana, desde Braojos, río arriba, pegados a las copas de los pinos, numerosos bandos de pájaros sobrevolaban el pinar hacia el puerto de Arcones. Había zorzales, pero muchas parecían alondras. A mediodía en el puerto, entre la cencellada, seguían pasando en pequeños grupos, en un desplazamiento contrario al esperado en esas fechas.
En 2021, tras sufrir a lo largo de este siglo un notable descenso de sus poblaciones y una significativa reducción de su área de distribución, ha sido incluida entre las especies amenazadas de extinción en España, apareciendo en el Libro Rojo de las Aves de España en la categoría "Vulnerable".
Las cogujadas forman un grupo de siete especies de aláudidos repartidas por Europa, África y Asia, algunas exclusivas del subcontinente indio. En España no son difíciles de observar si circulamos por caminos en descampados y terrenos abiertos, sean agrícolas o ganaderos. Enseguida las reconoceremos por su llamativa cresta, pero hay que tener en cuenta que podemos encontrarnos ante una de las dos especies que aquí habitan y cuya distribución se solapa en buena parte de la península: la común y la montesina.
Tres Cantos. 11 de abril de 2017
Se trata de especies gemelas o crípticas, tan similares que su identificación resulta muy difícil. Se considera que este hecho podría corresponderse con una separación reciente como especies. Además existen individuos con caracteres intermedios, que sugieren la existencia de cruces entre ambas cogujadas, lo cual complicaría aún más la tarea de identificarlas (de hecho al parecer se han reportado casos de hibridación natural).
Tres Cantos. 11 de abril de 2017. La forma de la mandíbula inferior (foto anterior) y el tono grisáceo de la cara inferior del ala permite identificarla en este caso como montesina.
Las cogujadas comunes son más habituales cerca de pueblos y entornos degradados. A pesar de su plumaje terroso, pardo grisáceo, no costará dar con ellas. Una vez que dejemos atrás los entornos de mayor actividad humana, habrá más posibilidades de encontrarnos ante una cogujada montesina.
Ciertamente, en muchas ocasiones, me resulta imposible separar las dos especies de cogujadas con seguridad. Ambas están presentes en Braojos, si bien tengo la impresión de que las primeras, las comunes, han sufrido un fuerte descenso de su población. De un primer vistazo, separo a unas de otras por el mayor tamaño de las comunes, más robustas y también de pico más largo, frente a las más estilizadas montesinas.
Braojos. 19 de mayo de 2017
En mi primera época de pajareo tenía la impresión de que las comunes aparecían, y eran fáciles de ver, en zonas más próximas al pueblo, en tercios y eras, mientras las montesinas, ocupando hábitats similares en ocasiones, se veían en zonas más distantes, en terrenos más irregulares y matorralizados. En los últimos tiempos, en cambio, cuando observo una cogujada, en la gran mayoría de los casos, me decanto por identificarla como montesina, siempre después de darle muchas vueltas. En consecuencia, mi impresión ahora es que las montesinas son claramente mayoritarias.
*El círculo verde representa una actualización del área de distribución (2023).
Esto está en consonancia con lo observado en el seguimiento de estas especies a nivel nacional, tal como se recoge en el último Atlas de Aves de España, donde la evolución de la población de cogujada montesina se describe como de moderado aumento mientras la de la cogujada común muestra una tendencia negativa (declive moderado).
Curiosamente, por otro lado, siempre tuve la sensación de que las montesinas, pese a estar ligadas a entornos menos domesticados o tal vez por ello, se mostraban más confiadas, dejándose ver con más facilidad, de frente, mostrándose más erguidas y seguras, mientras las comunes al ser observadas se dan la vuelta, como preparando la huida, y enseguida se agazapan. Esto puede ser la consecuencia de muchos siglos de convivencia con nuestra especie, en unos entornos rurales en los que eran abundantes y presas habituales de los humanos.
Colmenar Viejo. 18 de junio de 2015.
Colmenar Viejo, 28 de febrero de 2021
Las cogujadas montesinas son actualmente el segundo aláudido más abundante en Braojos, aun así son escasas, mucho menos numerosas que las totovías. Su área de distribución geográfica global es más restringida que la de la cogujada común, y ligada al área mediterránea. Existen poblaciones, aparentemente sin conexión, en el cuerno de África, que comprenden varias subespecies diferentes, algunas de las cuales parecen mostrar profundas divergencias genéticas y podrían pasar a ser consideradas como nuevas especies.
Como se ha comentado, al parecer, en alguna ocasión se producen cruces entre ambas especies de cogujadas. No es raro verlas interaccionar en defensa del territorio, y al respecto tengo una observación que comento al hablar de las cogujadas comunes. También en una ocasión observé una interacción agresiva entre un bisbita campestre y una pareja de cogujadas montesinas cuya hembra estaba recogiendo material para la construcción del nido. El bisbita persiguió a la hembra y se enzarzaron en una pelea, al separarse llegó el macho que expulsó al bisbita mientras la cogujada hembra continuaba cogiendo hierbecillas para el nido. Curiosamente, y a pesar de tratarse de dos especies poco emparentadas, se conocen casos de parasitismo de puesta en nidos de bisbita campestre por parte de la cogujada montesina.
Construyen el nido en el suelo. Primero excavan un pequeño hoyo, similar aunque más profundo que los que utilizan para dormir y luego van aportando el material vegetal. En algunos lugares, en los primeros nidos de la temporada de cría, pueden añadir un pequeño parapeto de palitos.
Se trata de una especie sedentaria, que podemos ver todo el año en Braojos, pero seguramente realicen nomadeos altitudinales en los momentos más duros del invierno.
Será extremadamente raro ver un aláudido tomando un baño en el agua. Para el mantenimiento de su plumaje se bañan en la arena, y también toman baños de sol, como puede verse en el último vídeo.
Propias de zonas de relieves suaves, más bien áridas, carentes de arbolado e incluso arbustos, son fáciles de ver cerca de pueblos y entornos degradados, con frecuencia en los bordes de los caminos. Cuenta con una amplia distribución a lo largo de Europa, Asia y mitad norte de África. Originalmente quizás habitaba en semidesiertos y estepas, pasando a ocupar posteriormente los paisajes alterados por el hombre.
Como se ha comentado en la entrada referida a la cogujada montesina, tal vez perjudicada por el abandono del laboreo y los cultivos de gramíneas, la cogujada común se ha ido enrareciendo en Braojos, de forma que en los descampados próximos al pueblo ya no son fáciles de ver o sencillamente no se ven.
Las cogujadas son expertas voladoras, como demuestran con sus vuelos de canto, y pueden posarse en alambradas, cables y ramas de arbustos y arbolillos, pero su forma de vida, es esencialmente terrestre. No son tan obsesivas en realizar vuelos de canto como las alondras y pueden preferir cantar desde puntos destacados del terreno.
Durante el celo, realizan exhibiciones o paradas, con la cola vertical y las alas algo caídas, bajando el cuerpo e incluso erizando el plumaje, casi como si de una pequeña avutarda se tratara. Creo que de esta manera puede tanto tratar de impresionar a la hembra, como imponerse ante un macho. En una ocasión me pareció que un macho de cogujada común realizaba su pavoneo ante un macho de montesina, llegaron a estar a unos escasos veinte centímetros una de otra antes de alejarse la segunda. También se produjo un pequeño acto de acoso entre las hembras de las dos parejas, aunque luego permanecieron todas en la zona, en su forrajeo habitual. Son monógamas, pero se han observado tríos reproductores.
En las primeras puestas, al principio de la temporada, al parecer puede construir nidos más elaborados, en ocasiones incluso provistos de bóveda –algo que también hacen las totovías a veces-. La hembra es la encargada de toda la construcción.
Es posible que, al igual que la cogujada montesina, también realicé ocasionalmente puestas en nidos de otras especies, pues en Francia se observó un volantón que era alimentado por una lavandera boyera.
Lo normal, en el caso de las dos especies, es observarlas en parejas. Fuera de la temporada de cría no es raro ver tres-cuatro juntas, alguna más a veces, pero no forman bandos.
Aunque ambas cogujadas son muy sedentarias, realizan nomadeos altitudinales en busca de parajes menos fríos en las épocas más adversas. Este hecho, es mucho más acusado en el caso de la cogujada común, de la cual sólo tengo una cita durante el otoño-invierno en Braojos.
Similares en tamaño a las totovías, algo menores que alondras y cogujadas, comparte hábitat con todas ellas, con preferencia por terrenos más pobres, con vegetación herbácea más escasa (incluyendo los barbechos en las zonas agrícolas), muy pastoreados, llanos o algo ondulados.
Las terreras pertenecen a un grupo de aláudidos algo más granívoros, los cuales tienden a presentar las patas algo más cortas que los más insectívoros, más adaptados estos últimos a la carrera. Aun así, consumen muchos insectos y alimentan a los pollos con una gran variedad de pequeños invertebrados.
Aunque todos los aláudidos, son monógamos y territoriales, algunas especies, especialmente las más granívoras, pueden formar colonias laxas, al reunirse para criar en ciertas áreas bien definidas, y esto es lo que parecía observarse en el caso de las terreras en Braojos, las cuales se concentraban en una zona muy concreta del tercio, tal vez el único lugar que, en los último años, reuniera las condiciones de hábitat adecuado para la especie.
La formación de colonias lleva asociado la posibilidad de que las paternidades fuera de la pareja sean habituales, tal y como se ha comprobado en esta especie, e igual que ocurre en otras como pueden ser las golondrinas y aviones comunes, y no evitaba ver a las terreras envueltas en fuertes disputas vecinales, llegando, a veces, a engancharse violentamente tras pavoneos en los cuales se exhibían con la cola casi vertical, erizando las plumas de la pequeña cresta y agitando las alas de forma irregular. Persecuciones y vuelos de canto simultáneos eran frecuentes en su zona de cría. Las primeras también forman parte del cortejo, en el cual el macho, como pude ver en una ocasión, se exhibe repetidamente frente a la hembra con las alas ligeramente caídas, la cola algo levantada, la cresta visible y agitándose arriba y abajo, al final esta optó por darle un pico y así permanecieron un instante, como cogidas por los picos, luego se perseguían. Al parecer, las cópulas se producen normalmente al terminar dichos vuelos de persecución.
En el último Atlas de las aves en España, se constata que se ha reducido un 10% su área de distribución y viene reflejada no sólo su desaparición en Braojos sino también en la otra cuadrícula vecina en la que estaba presente anteriormente (cuadrícula de Montejo de la Sierra). Sin embargo, en el seguimiento de la especie, durante los últimos 20 años se ha observado un aumento de su población, con un incremento de casi el 50% del 2013 al 2018. Por ese motivo, se ha excluido del último Libro Rojo, al pasar de estar considerada “Vulnerable” en el catálogo previo a la categoría de “Preocupación Menor”.
En Braojos, a su reducida área de presencia local se sumaba un tamaño de población seguramente pequeño, aparentemente menos de unas pocas decenas de aves al inicio de la temporada, en abril, cuando llegaban desde las zonas del Sahel en las que pasan el invierno, lo cual está acorde con lo que leo en la bibliografía consultada: sus pequeñas colonias estarían formadas por 10-20 parejas y la separación entre grupos es de más de 10 km. Su territorio de cría se ubicaba en el corazón de una superficie de terreno que ha sido designada como Hábitat de Interés Comunitario prioritario (HIC 6220* Pastizales xerofíticos mediterráneos de vivaces y anuales, que incluye, entre otros, herbazales sobre suelos poco desarrollados o que fueron objeto de algún tipo de perturbación).
La pérdida, la paulatina reducción de las poblaciones de estos llamativos pájaros cantores, terreras, alondras, cogujadas, puede ser la causante de esa sensación de pérdida, de ese lamento de que ahora hay menos pájaros que antes, por parte de los hombres y mujeres de campo de estas tierras.